¡Ha llegado el verano y por fin nos vamos de vacaciones!
Para quienes están perennemente a dieta, surgirá automáticamente un diálogo interno que llevará a un conflicto interior:
"Por fin ha llegado el verano, ya no quiero estar a dieta, quiero relajarme y disfrutar de las vacaciones, los aperitivos, las salidas nocturnas y probar los platos típicos del lugar. Pero de este modo echo a perder todo lo que he hecho y perderé los progresos conseguidos."
¿Te resulta familiar esta frase?
Pasas un invierno en virtud de la "prueba del traje de baño" y luego pierdes tus hábitos, que se habían regularizado, para concederte demasiados desvíos en vacaciones, para luego empezar a hincharte día tras día con consecuencias también psicológicas como frustraciones, sentimiento de culpa, mirarse al espejo y no gustarse, disminución de la autoestima.
¿Por qué llegar a estas drásticas consecuencias?
Aquí van algunos consejos prácticos y útiles:
-
¡Mantente ligero al mediodía! Si decides pasar todo el día en la playa, por la mañana cocina cosas frescas y rápidas para llevar contigo (ensalada de arroz, pasta con verduras, segundos fríos). Si en cambio te alojas en un hotel, opta por almuerzos tipo picnic (yogur, fruta, verdura fresca como hinojo, pepinos, zanahorias, ensaladas grandes).
-
Por la noche (pero no todas) date algún capricho o platos típicos del lugar, sin exagerar nunca.
No pierdas el control: date el placer pero sin exagerar.


